Manaslu Trekking – Diario de abordo IV

DIA 4 Trekking del Manaslu

PHILING-GAPH

Aquí tumbado, después de un día largo de caminata donde el río se niega a disminuir su caudal, parece que las paredes aún han crecido más y no acabamos de salir del angosto rio que resuena a nuestro lado todo el día. Aquí estamos muy bien, en Ghap las mujeres abonan los campos de maíz con pesadas cestas a sus espaldas, mientras nos miran sonrientes tras sus humeantes cigarrillos , señalando una pequeña pausa en el camino. Un día más en las entrañas del Himalaya, del salvaje apilado de agujas y paredes de más de mil metros. Sin saber nada de la vida allí arriba, ya estamos a 2000 metros, a buen ritmo y con muchos kilómetros por detrás, que han ido pasando con la sabiduría que da el ir paso a paso por estos senderos. Quizás los más peligroso quede atrás, tal y como pensaba ayer…el polvo levantado por la brisa del aire me ha dejado a ciegas en el último corrimiento de tierra. No tenía muy buena pinta pero siempre pienso que hay que tener muy poca fortuna para coincidir con una de sus fuertes coletazos dirigidos a las partes más bajas del cañón.

Los niños y la picaresca

La alta montaña dará paso a un paisaje más soleado, pero también un lugar donde me muevo más seguro de mi mismo, más relajado.  Nosaan nos espera y también nosotros a el, ya tenemos la picaresca y la herramienta de comunicación perfecta para los tres, y esperamos ansiosos el día de navegar en nuestro lago de la pacífica Pokhara. Me he quedado dormido antes de la cena relatando un poquito de hoy, y ahora, junto al chorten que da la bienvenida a Ghap desde su vecino el Tibet descanso para afrontar un día que esperemos sea como el de hoy. Nos sentimos bien y vamos alcanzando altura, las noches son más frescas y por suerte el colchón más blandito. Me quedo con las sonrisas de los niños que nos han vacilado esta tarde, la dulce infancia nos saluda como lo harían allí al otro lado del mundo también. Picardía y risas a las paredes de este tramo del valle de la madre Manaslu, que rebotan hasta marcharnos sin saber muy bien que decirles en nuestro incomprensible idioma. La madre sonríe con talante cordial , con su mirada nos pide disculpas por el ajetreo y la inquietud de su rebaño de niños con ganas de compartir, hablar y, por qué no, pedirnos algún lapicero y alguna chocolatina, que ya están en el lenguaje universal de este trocito de Himalaya.
Buenas noches despejadas, de luna casi llena.

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